Para mi gusto, una caricatura bastante graciosa sobre las diferencias entre hombres y mujeres. El círculo rosa representa a la mujer y el cuadrado azul al hombre. Me quedo con la pregunta final del vídeo "¿simples estereotipos?" Si queréis opinar ya sabéis, lo agradeceré muy mucho.
domingo, 2 de diciembre de 2012
sábado, 1 de diciembre de 2012
El macho alfa
Cada día que pasa queda menos de aquel machote de las cavernas. Ese animalaco de escasa higiene, descuidada vestimenta, rudos modales y obsesión por demostrar superioridad, liderazgo y fortaleza está desapareciendo. De hecho, teniendo en cuenta la afortunadamente imparable igualdad de géneros y el casi preocupante metrosexualismo, pronto lo único que nos distinguirá de las hembras serán los genitales. La fuerza siempre fue nuestro identificativo y, exagerando un pelín, única baza que nos convertía en indispensables y temibles para la sociedad.
Cazar, una de nuestras labores más inherentes, hace mucho se convirtió en simple hobby de domingo. El duro trabajo en el campo lleva el mismo camino, siendo los abueletes de pueblo los únicos hombretones que mantienen viva tal actividad y continúan abasteciendo sus hogares. El sector construcción sigue siendo mayoritariamente masculino, pero con esto de la crisis no se pone ni un ladrillo ¡¡Por no hacer ya no hacemos ni la mili!! Dentro de 30 años, con tanta tecnología y servicios, el macho ibérico habrá expirado...Hombres y mujeres sólo se necesitarán para hacer guarrerías. Por la cuenta que nos trae, camaradas ¡¡ni se os ocurra congelar esperma!! Sé que pagan 50 euros pero...
El "hombre" de hoy sabe que está en peligro de extinción ¡ya no duerme por las noches! La sociedad se ha puesto patas arriba de la noche a la mañana dejándole totalmente desconcertado y deprimido. Ya son muchos los papás que recogen al niño del cole y se cuelgan el delantal mientras mamá trabaja y es la única en engordar las cuentas del banco. Como decía Fran Perea en una de sus canciones "La vida al revés ya ves lo que es". Si retrocediésemos en el tiempo y le contáramos al primer Homo-sapiens lo que está ocurriendo se daría de cabezazos "Unga Unga mi no querer desaparecer". Miles de años tratando de impresionar a las mujeres, tantos mamuts cazados, para terminar convertidos en unos blandengues mantenidos.
Estos son los pocos momentos en los que podemos sentirnos machos actualmente:
- Abrir a tu esposa un bote de pepinillos.
- Alcanzar algo del estante más alto.
- Llevar a la novia a caballito cuando le duelen los pies de tanto tacón.
- Ganar un pulso.
- Subir la compra (Antes subíamos el butano pero con esto del gas...)
- Hacer una barbacoa en fiestas.
- Presumir de coche ante tu churri.
- Fingir que las heridas no nos duelen.
- Decir que odiamos el cine romántico, aunque sea mentira.
- Montar muebles del Ikea.
- Invitar.
- Salir a la calle en manga corta a mitad de invierno.
- Dejarse barba y gritar "estoy hecho un toro"
- Beber como un cosaco y comer como un animal.
- Decir que aguantas 100 flexiones.
Facebookar y twittear si os ha parecido interesante.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
En busca de talentos III
Para variar, hoy os presento una chica que patearía el culo de cualquier concursante de Operación triunfo, La voz o sucesivas copias. Poco más que decir, disfrutad!
Disculpe señora, pero...
Si pensamos en señoras mayores (ojo, no es una de mis aficiones) suele recorrernos la imagen de una amable octogenaria de moño grisáceo, enormes gafas, cálida bata y hospitalaria sonrisa arrugada cual pantalón de pana. Una de esas encantadoras viejecitas que pasan la tarde tejiendo gorritos y bufandas para sus 500 nietos mientras se mecen sin pausa frente a una acogedora chimenea (o frente a Sálvame Deluxe). Siempre pensé que las ancianas son como los gatos: les basta un ovillo de lana para divertirse. Por regla general, preguntes a quien preguntes, jurará profesar un cariño infinito por ellas "¡Qué bien cocinan, cuánto nos quieren, cómo nos cuidan, qué propinas tan golosas sueltan en navidad!" Parece impensable que alguien pueda llegar a odiarlas ¿Verdad? ¿¿¿Cómo no respetarlas con lo mayores y majas que son??? Tan bondadosas, tan generosas, tan cariñosas e inofensivas...¡JA! Que os lo habéis creído.
Conste en acta que siempre he sido un tío bastante educado y respetuoso con la tercera edad. He cedido asientos, me he bajado de aceras y he subido bolsas de la compra montones de veces (tres exactamente). Me resulta lógico prestar ayuda a nuestros mayores si está en nuestra mano el hacerlo, se lo merecen por muy cabronazos que fueran de jóvenes (o sigan siendo). Sus huesos ya no son lo que eran, nada es lo que era. La vida puede ser una mierda y ellos la han soportado durante muchísimo tiempo ¡Qué menos que echarles una mano durante la recta final! Ahora bien...que tengan más años que Matusalén no les da derecho a comportarse como auténticos gilipollas egoístas y desalmados.
Muchos abuelitos (En su mayoría señoras, permítanme asegurarlo) han olvidado por completo los modales y la convivencia. Sus cerebros parecen incapaces de pedir las cosas por favor, ya sólo exigen por la boquita. Se ve que con la edad se acentúan los defectos y desaparecen las virtudes. Discúlpenme señoras, llámenme sinvergüenza o dedíquenme miradas de asco, pero me cuesta creer sus dolencias viendo la elasticidad que demuestran para colarse en cualquier fila ¡Algunas merecen aplausos! Si las recriminas te llaman maleducado y se hacen las tontas "como soy viejita no me he dado cuenta de que había que esperar media hora..." Apuesto a que estas señoras que actualmente utilizan la edad como pasaporte usaban el escote cuando eran mozas. De algunas es imposible librarse.
El supermercado es una de sus zonas habituales, pero no es de extrañar tener que sufrirlas en el cine, teatro, cualquier tipo de tienda, tren, autobús, piscina, cohete o transbordador espacial. Son prácticamente una plaga. Eso sí, luego se les llena la boca criticando a los jóvenes. Que si nos drogamos, que si somos unos desvergonzados, unos borrachos, unos delincuentes dignos de Guantánamo...También están las señoras que se inventan pasos de cebra (cruzan por donde les sale de los cojones), las que caminan hacia ti por mitad de la acera sin variar un milímetro la trayectoria y las que ponen macetas en la puerta de casa para no tener que pagarse un vado. El respeto hay que ganárselo.
* Os dejo un relato escrito por Mr. M sobre este tema AQUÍ
Muchos abuelitos (En su mayoría señoras, permítanme asegurarlo) han olvidado por completo los modales y la convivencia. Sus cerebros parecen incapaces de pedir las cosas por favor, ya sólo exigen por la boquita. Se ve que con la edad se acentúan los defectos y desaparecen las virtudes. Discúlpenme señoras, llámenme sinvergüenza o dedíquenme miradas de asco, pero me cuesta creer sus dolencias viendo la elasticidad que demuestran para colarse en cualquier fila ¡Algunas merecen aplausos! Si las recriminas te llaman maleducado y se hacen las tontas "como soy viejita no me he dado cuenta de que había que esperar media hora..." Apuesto a que estas señoras que actualmente utilizan la edad como pasaporte usaban el escote cuando eran mozas. De algunas es imposible librarse.
El supermercado es una de sus zonas habituales, pero no es de extrañar tener que sufrirlas en el cine, teatro, cualquier tipo de tienda, tren, autobús, piscina, cohete o transbordador espacial. Son prácticamente una plaga. Eso sí, luego se les llena la boca criticando a los jóvenes. Que si nos drogamos, que si somos unos desvergonzados, unos borrachos, unos delincuentes dignos de Guantánamo...También están las señoras que se inventan pasos de cebra (cruzan por donde les sale de los cojones), las que caminan hacia ti por mitad de la acera sin variar un milímetro la trayectoria y las que ponen macetas en la puerta de casa para no tener que pagarse un vado. El respeto hay que ganárselo.
* Os dejo un relato escrito por Mr. M sobre este tema AQUÍ
viernes, 23 de noviembre de 2012
La noche
Empiezo a aborrecer ciertas cosas por las que hace años hubiera dado todo mi reino. No sé muy bien qué es lo que ha cambiado...quizás esas cosas o, probablemente, yo mismo. Lo que entonces adoraba hasta la médula de pronto me resulta aburrido y asfixiante, siento estar exprimiendo una y otra vez el mismo limón sin jugo. Supongo que no seré el único en preguntarse "¿cómo podía gustarme tanto esta chorrada?" en el medio de algo que un día pretendí eterno. La vida se divide en etapas que terminan y comienzan sin aviso. Simplemente ocurren, se suceden de modo natural, y para cuando quieres darte cuenta resulta complicado regresar; mejor dicho, desaconsejable. Ya no eres aquel gamberro que gozaba escapando tras aporrear varios timbres, ni tampoco el quinceañero que se creía superhéroe. Nada funciona eternamente. La diversión es como un seguro, cuanto más viejo eres más te cuesta.
Si hubiese ido tanto a misa como a discotecas ya me habrían nombrado santo. Intento recordar la primera vez que pisé una: universitario estrenando mayoría de edad. Nueva ciudad, nuevo hogar, nuevos amigos, nuevas ilusiones y, sobretodo, libertad e "independencia". Papá y mamá se encargaban de mantener bien alimentada mi cartera. Ahora mismo, cinco años después, me es complicado recordar exactamente qué fue lo que sentía...las cosas han cambiado demasiado. Por aquella época la crisis era prácticamente un rumor, sobretodo para un pipiolo encamisado y borrachuzo que no contemplaba la palabra responsabilidad en su diccionario. Salir de marcha un jueves noche provocaba cosquilleo en el estómago...Resultaba algo prácticamente prohibido, atrevido, excitante. Las ganas corrían por las venas, nadie observaba, nadie juzgaba, nadie en casa reclamando explicaciones. Caminabas rodeado de chicas, caras nuevas y golfos dignos del club de la comedia. Chistes, bromas, copas, luces cegadoras y música tan alta que prohibía pensar. Solo importaba cada instante, no existía un mañana ¿Que si me gustaba la discoteca? Cada viernes contaba los días para regresar.
Me costaba comprender cómo las viejas glorias (esos universitarios que prolongaban sus carreras hasta límites insospechados) salían de fiesta cada vez menos. Cuando lo hacían sus caras eran retratos del aburrimiento, auténticas estatuas de cera en mitad de la pista de baile ¿ Estaban locos? ¿No había sangre en sus venas? Animarles resultaba imposible, siempre acababan largándose a casa horas antes del cierre. El resto disfrutábamos cómo críos en un parque ¡qué rápido corría el reloj! ¿¿por qué las noches serían tan cortas?? A la mañana siguiente despertabas hecho un asco pero con una sonrisa kilométrica...rey del mundo. Las anécdotas pasaban por tu cabeza produciendo carcajadas y llamabas a los demás tratando de constatar que todo había sido real. Efectivamente lo era.
El sábado pasado yo fui una de esas antiguas glorias, un mueble en mitad del recinto. Más de lo mismo por todos lados, la misma película semana tras semana. Dónde antes veía espectáculo ahora sólo encuentro precios desorbitados, música repetitiva, empujones, borrachos dando lástima e inexplicable ego. Chulería, chulería por todos lados. Actores y actrices interpretando dignos papeles cuando lo único que desean es pillar cacho a la desesperada. Chicas fingiendo grandeza y gilipollas dispuestos a alimentar sus egos hasta reventar. Posiblemente lo más deprimente sea acudir al baño, convertido en la sala de los espejos. Ellas maquillándose y ellos alardeando de musculitos y gomina. Peleas y drogas. Casi como ir al teatro y colarse tras el telón. No hay nada como ir a un lugar que no ha cambiado para darte cuenta de lo que has cambiado tú.
Si hubiese ido tanto a misa como a discotecas ya me habrían nombrado santo. Intento recordar la primera vez que pisé una: universitario estrenando mayoría de edad. Nueva ciudad, nuevo hogar, nuevos amigos, nuevas ilusiones y, sobretodo, libertad e "independencia". Papá y mamá se encargaban de mantener bien alimentada mi cartera. Ahora mismo, cinco años después, me es complicado recordar exactamente qué fue lo que sentía...las cosas han cambiado demasiado. Por aquella época la crisis era prácticamente un rumor, sobretodo para un pipiolo encamisado y borrachuzo que no contemplaba la palabra responsabilidad en su diccionario. Salir de marcha un jueves noche provocaba cosquilleo en el estómago...Resultaba algo prácticamente prohibido, atrevido, excitante. Las ganas corrían por las venas, nadie observaba, nadie juzgaba, nadie en casa reclamando explicaciones. Caminabas rodeado de chicas, caras nuevas y golfos dignos del club de la comedia. Chistes, bromas, copas, luces cegadoras y música tan alta que prohibía pensar. Solo importaba cada instante, no existía un mañana ¿Que si me gustaba la discoteca? Cada viernes contaba los días para regresar.
El sábado pasado yo fui una de esas antiguas glorias, un mueble en mitad del recinto. Más de lo mismo por todos lados, la misma película semana tras semana. Dónde antes veía espectáculo ahora sólo encuentro precios desorbitados, música repetitiva, empujones, borrachos dando lástima e inexplicable ego. Chulería, chulería por todos lados. Actores y actrices interpretando dignos papeles cuando lo único que desean es pillar cacho a la desesperada. Chicas fingiendo grandeza y gilipollas dispuestos a alimentar sus egos hasta reventar. Posiblemente lo más deprimente sea acudir al baño, convertido en la sala de los espejos. Ellas maquillándose y ellos alardeando de musculitos y gomina. Peleas y drogas. Casi como ir al teatro y colarse tras el telón. No hay nada como ir a un lugar que no ha cambiado para darte cuenta de lo que has cambiado tú.
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