viernes, 31 de octubre de 2014

He vuelto

            Por favor, silencio, que vamos a empezar...(Emotivo carraspeo de garganta). Gracias a todos por atender la llamada y regresar a este rincón prácticamente desierto de palabras durante los últimos meses, avergonzado me hallo de cabeza a dedo gordo del pie. Desconozco hasta qué punto habréis extrañado mi atrapante, atractiva, aguda, dinámica y elegante lírica...Más vale que mucho o no me molesto en volver. En un alarde de ingenio, he variado el nombre del blog, de "Rincón de Moisés" a "Ortagrafía"(Complejo juego de palabras entre ortografía y mi apellido), buscando un nuevo comienzo, la reinvención de mí mismo, la frescura, la experimentación y, sobre todo, darle una lección de escritura a mi ex-flatmate y corresponsal deportivo Daniel Martín (Va siendo hora de que aprenda a poner las comas). 

            Como hacen todos los grupos antes de publicar nuevo álbum, me tomaré la libertad y la chulería de asegurar que mis venideros artículos (Sí, Daniel) serán de lo más íntimo y personal, mi mejor obra y un auténtico reto para el intelecto, aunque con toda probabilidad terminará ocurriéndome lo que al PSOE con Pedro "El guapo" Sánchez: lavado de cara, mismo truño. El tiempo dirá. Sin más rodeos, da comienzo esta nueva etapa con todo lo necesario: mi teclado, mi cerveza, mi necesidad de desahogo y vuestras ganas de leer. También me he agenciado un diccionario de sinónimos para sonar más interesante/cautivador/sugestivo/encantador que nunca. 

Bienvenidos a  Ortagrafía

             

sábado, 19 de julio de 2014

Penny lane

            Liverpool está vivo. No es un simple punto en un mapa o algo que escuchaste en carrusel deportivo. Al menos nunca más lo será para mí. Puedo verlo, recorrerlo y perderme en sus anchas calles de ladrillo. Es rojo, es blanco y es negro. También puedo olerlo e incluso puedo escucharlo. Liverpool huele a cerveza, a lluvia y a comida rápida. Suena a autobuses urbanos, risas de gaviotas y músicos callejeros que, armados con guitarra, voz y sobrero, tratan de intercambiar su talento por las "pounds" de tu bolsillo. Liverpool late tras la sucia ventana del viejo apartamento que acabo de alquilar. A mi espalda, mientras tecleo, no dejan de pasar característicos taxis y jóvenes chicas inglesas de variada fisonomía, siendo las guapas y esbeltas mis preferidas. Puedo verlas y pueden verme aquí sentado en "underpants", no hay persianas. Hacía mucho que no escribo, prácticamente un año, no quedaban ni ganas, ni tiempo, ni ideas. Hoy es distinto, mi estómago me obliga, tengo la necesidad de producir. Quizás me haya agarrado la misma inspiración que hace cincuenta años, a 5 minutos de donde estoy, poseyó a cuatro escarabajos. Paul, Ringo, George, John. 

El pasado Jueves pisé historia

sábado, 28 de diciembre de 2013

Comiendo pipas

           De pronto cambiaron. Tenían los mismos ojos pero distinta mirada. Dejaron de sentarse con nosotros en el parque y comenzaron a hacerlo dos bancos más allá, junto a los setos, donde no pudiéramos oírlas. Cuchicheaban al oído. Cuchicheaban y reían escandalosamente, con emergente maldad, sin querer contarnos qué era aquello tan gracioso. Tampoco querían columpiarse alto, ni jugar al escondite, ni comer pipas como siempre solíamos hacer. Solo nosotros seguíamos comiéndolas, bolsa tras bolsa, qué sed daban. Cada tarde llenábamos el suelo de cáscaras mientras, inútilmente, tratábamos de conservar la calma y asimilar lo ocurrido. "Ya se les pasará", pensábamos. A veces nos miraban de reojo, con insultante indiferencia, y seguían a lo suyo. Ojalá en la escuela enseñasen a leer los labios.


                 La situación era tan intrigante que mis amigos decidieron nombrarme espía. No aguantábamos ni un minuto más. Repté hacia ellas entre los árboles, silencioso cual serpiente. La emoción me poseía y creo que hasta me temblaba el pulso. Justo antes de ser descubierto alcancé a escuchar algo sobre tetas y sujetadores. Al verme se alarmaron mucho y me llevé dos bofetones...Para ser chicas tenían mucha fuerza. Días después, entre todas, raptaron a mi mejor amigo y le preguntaron si sabía dar besos con lengua. No nos contó demasiado, pero regresó extrañamente contento. Aquella fue la última tarde que se dejaron caer por el parque. Las veíamos pasar por la carretera, subidas en las motos de chicos de bachillerato. Según mi padre se habían convertido en mujeres. A nosotros todavía nos quedaban muchas pipas por pelar. Nos quedaban y nos quedan. 

sábado, 9 de noviembre de 2013

Muertos vivientes

"Lo que cuenta no son los años en tu vida sino la vida en tus años"

          Evitamos pensar en la muerte, la idea de desaparecer nos aterra. Sabemos que terminará sucediendo, que nacimos con boleto ganador, pero preferimos creer que la suerte nunca nos acompañará en ese sorteo. La situamos lejos, muchísimo, tanto como permitan las estadísticas. Prácticamente nos auto-convencemos de que, al menos, rondaremos los ochenta. Es una cifra que tranquiliza siempre y cuando no acabes de soplar setenta y nueve velas. Pensamos tenerlo todo bajo control, somos así de estúpidos, y miramos la vida como quien observa el horizonte desde la orilla del mar. El tiempo parece sobrar por los cuatro costados y allí, donde termina el agua y comienza el cielo, situamos nuestros sueños. Ya habrá tiempo de cumplirlos, de ser felices, de experimentar...Ya habrá tiempo de todo. Solemos escupir montones de excusas "Ahora no es momento" "Ahora no puedo" "Ahora estoy ocupado".  El horizonte está plagado de viejos sentados en bancos que pasan sus últimos días lamentándose por aquello que no hicieron. Hablan de oportunidades perdidas y, de vez en cuando, le miran el culo a las chavalas.


              La frase con la que doy comienzo no es mía, la pronunció Adlai Stevenson.  Aparece en un artículo que leí hace un par de días y tuve que echarla al carro. Es de esas citas célebres que funcionan a modo de espejo y en su reflejo puedes verte genial o absolutamente fracasado. Por suerte me vi guapo, incluso bien peinado, ojalá os ocurra lo mismo.  No sé si son tonterías de la edad, pero últimamente ando sufriendo terremotos en mi filosofía. Me cuestiono las cosas, vete tú a saber por qué. Algo me dice que se puede vivir de mil maneras, que existen infinidad de experiencias por probar, suelos que pisar, conversaciones que tener, opiniones que cambiar, besos que dar, personas que conocer, carcajadas que soltar y fotografías que sacar, pero mirando a mi alrededor encuentro demasiada mediocridad. Seres profundamente mediocres y vacíos. Por insultante que suene, si la vida son dos días a muchos les sobraría con uno. Queremos existir tropecientos años, cuantos más mejor...¿Hacemos algo valioso con ellos? ¿Qué porcentaje real de nuestras posibilidades exprimimos? ¿Merece la pena una vida cargada de años y vacía de experiencias? Despertad, joder. Haced cosas ¿Quién os asegura que no moriréis mañana?

            Nos meten en la cabeza que tenemos que ser normales, no llamar demasiado la atención, pisar donde otros han pisado para no correr el riesgo de hundirnos. "Estudia, olvídate de tocar la guitarra y búscate un trabajo fijo, aguanta lo que te eche el jefe porque la cosa está muy mal, no cuentes lo que piensas, ahorra, sigue ahorrando, cásate y no mires a otras, ahorra más, gástatelo todo en una casa que no puedes pagar, ten hijos y, cuando te lo permita el calendario, vete a Benidorm a bailar los pajaritos." Qué gozada ¡Una vida cojonuda! He visto muertos más vivos. Lo respeto, claro está, pero me niego a aceptar que solo las personas con mucho dinero puedan conseguir lo que desean. 


Termino recomendándoos este pedazo de blog, www.hanakanjaa.com, más concretamente una entrada llamada "Justificando la mediocridad". Habla un poco de esto mismo, seguramente mejor que yo. Recibió miles de visitas, 313 comentarios y lo más importante, creó mucha polémica. Voy a tomarme la libertad de despedirme copiando una de sus frases, me parece brutal.

"Me he dado cuenta de que muchas personas necesitan que un grande como Álvaro Bultó sufra una desgracia para justificar su vida de mierda"

         

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Cuesta

              Supongo que somos muchos los que pensamos en el futuro y sentimos vértigo, frío. En España, como poco, unos seis millones de personas. Lástima que no me consuelen los males de muchos, soy así de chulo. De un tiempo a esta parte se me ha olvidado ser optimista...ya no me sale. Más que olvidarlo, me lo han hecho olvidar. No es fácil resistir el viento siendo hormiga. Cuesta ser positivo cuando, destacando en lo que haces, tienes que esclavizarte literalmente por 500 € al mes. Encima debes dar las gracias porque, si las condiciones no te parecen "guays"...¡Ya vendrá otro esclavo más dócil! Cuesta ser positivo cuando enciendes el televisor  y, a parte de la cena, tienes que tragarte los delitos y mentiras de esos que dicen luchar por nuestros intereses y bienestar. Curiosamente, ellos solitos nos metieron en el agujero con su "profesionalidad", pero ya no se acuerdan. Tampoco ayuda el hecho de que futbolistas repeinados valgan oro mientras otros pierden sus hogares, empleos, negocios e, incluso, rebuscan en contenedores algo que llevarse a la boca. Demasiados sueños rotos y caminos torcidos. Demasiado tembleque de piernas. Demasiado reírse en nuestras caras. Cuesta entender por qué, siendo todos humanos, unos viven como auténticos dioses y otros como verdaderos animales.