Si esto no es pasárselo bien, que baje Dios y lo vea. Este tío desayuna ritmo por las mañanas ¡Qué coordinación! Tratad de poneos en su situación, tocando completamente distinto con manos y pies ¡Incluso se atreve a cantar! Una pena que cuando vamos a los conciertos sólo tengamos ojitos para el cantante ¿Quién tiene más mérito?
martes, 19 de marzo de 2013
sábado, 16 de marzo de 2013
Hasta los mismísimos
Cinco años dedicado a la educación primaria; cinco años aguantando burlas, ofensas y menosprecios hacia mis estudios y profesión. Está de moda reírse de los maestros y, personalmente, no veo qué interés se puede tener en desprestigiar un oficio del que prácticamente no se conoce nada (Ni siquiera yo, tras todo lo trabajado, alcanzo a comprender todo). Incluso personas incapaces de terminar sus carreras o, sin ir tan lejos, aprobar un bachiller, se permiten el lujo de mirarme por encima del hombro ¡A ver si voy a ser tontito y no me había dado cuenta! Hablar sin tener ni idea es una costumbre peligrosamente extendida, y lo peor es que quienes la practican ni siquiera se percatan. Hablar por hablar...Criticar y juzgar de oídas... "Si lo dijo no sé quién será verdad". Nunca me ha atraído desprestigiar oficios, sencillamente porque no tengo ni idea de lo que otros hacen o dejan de hacer. Supongo que cualquier persona que decide dedicar su vida a algo merece un respeto. Cuando critico, critico a los míos, pues de eso es de lo que entiendo. Que yo sepa, incompetentes hay a puñados en todas partes. No los busquen en casa del vecino, quizás les baste con mirarse al espejo.
¿Ya has terminado la universidad? ¡Vaya! ¿Qué estudiaste?
Magisterio
(Defraudado) Bah, pero eso es fácil; no tiene mérito.
Conversaciones como esta he tenido a patadas. Algunas veces me hierve la sangre; otras simplemente me callo y les doy la razón como a los tontos. Para muchas personas sólo existen dos puntos de vista: el suyo y el equivocado. Si tratas de defenderte y comentas algo que rompe sus esquemas, simplemente alzan la voz y alegan que es mentira. Primeramente...¿Desde cuando se estudia una carrera porque sea difícil?, y segundo ¿Han estudiado magisterio o trabajado como profesor para poder hablar con tanta ligereza?. Es tan absurdo como quien tras una carrera de F1 suelta "¡Estaba claro que había que poner neumáticos intermedios!", y lo dice desde su sofá mientras pela unas pipas. O vivo rodeado de superdotados o no me lo explico. También están los que dicen "Yo tuve un amigo de magisterio y se pasaba el día pintando y cantando chorradas". Dudo mucho que su amigo se pasase así todo el día, más que nada porque en tres años yo sólo hice un par de manualidades (En plástica, asignatura de libre elección). También dudo mucho de que, hablando así de él, siga siendo su amigo. De todos modos, poniéndonos en el supuesto de que sólo cantamos y pintamos, no es a nosotros a quienes debieran criticar. Más bien a los profesores de universidad, todos ellos licenciados y doctorados. Diré más, ojalá me hubiesen hecho cantar. La canción es uno de los métodos más efectivos para la enseñanza de las lenguas (Y no lo digo yo, lo dicen verdaderas eminencias).
Las canciones contienen lengua auténtica, proporcionan vocabulario y gramática, permiten trabajar la pronunciación y favorecen tanto el conocimiento de los aspectos culturales de la lengua de estudio, como la asociación de la lengua a la cultura. A todo esto hay que añadir el poder de la música para estimular las emociones, la sensibilidad y la imaginación sin olvidar las consecuencias que se derivan de la capacidad que poseen las canciones para “engancharse” a nuestra memoria.
Existe la estúpida creencia de que, como enseñamos cosas aparentemente sencillas, nuestro oficio es sencillo "Para enseñar los animalitos y los colores no hace falta una carrera" . Permítanme que me descojone de su ignorancia. Enseñar a un niño las letras, los sonidos, los números, los días de la semana, los meses o algo tan evidente como distinguir entre derecha e izquierda, es doscientas veces más complicado que enseñar la aplicación de fórmulas matemáticas a un ingeniero. Deténganse un instante, eliminen de sus cerebros todas esas concepciones absurdas, y piensen por un momento que un niño no sabe NADA ¡A un niño hay que enseñarle hasta a coger el lapicero! Yo mismo he dado clases a adultos y es un paseo en comparación. Enseñar a leer y a escribir es un completo quebradero de cabeza y las profesoras de infantil lo consiguen diariamente con 27 renacuajos en el aula ¡Me quito el sombrero ante ellas! Mostrarles la diferencia entre una suma y una resta es casi escalar una montaña, por no hablar de cuando les introducimos los decimales. De hecho, si no fuera por nosotros los maestros, esos que ahora se nos ríen serían completos analfabetos.
miércoles, 13 de marzo de 2013
En busca de talentos XII
Freddy Mercury es irremplazable, nadie lo puede negar, pero este tío es increíble ¡Por momentos parece tener su misma voz! Hay que tener un par para ponerse a imitarle y no hacer el ridículo.
Y hablando de Queen, cómo no enseñaros a este maestro interpretando Bohemian Rhapsody. Dudo que en lo que me queda de vida pueda tocar la mitad de bien que él.
domingo, 10 de marzo de 2013
Superbebientes
Si algún día tengo hijos, supongo que seré el típico padre modélico cargado de consejos y prohibiciones "No pases tantas horas en el ordenador" "No vengas tarde" "No salgas con esa gente" "No te metas el dedo en la nariz" "¡No digas palabrotas!". Con los niños nos gusta jugar a ser policías, tenemos la convicción de saber qué les conviene en cada momento. "Esto no se hace", "Aquello no se toca", "Esto no se dice" y, mi preferida, "¡Eso es caca!" Cualquiera juraría que jamás hemos roto un plato, parece que ya nacimos viejos. Toda la infancia aborreciendo esa retahíla de normas para después terminar poniendo las mismas o peores. Con mis alumnos, quieras que no, también me las suelo dar de padre cansino. El otro día hasta les hablé de los beneficios de la fruta y la verdura ¿¿¿Cuándo narices he disfrutado yo con las acelgas??? En fin, no tenemos remedio alguno. Seguramente, cuando tenga retoños, tampoco querré que prueben gota de alcohol "Pídete coca-colitas hijo, que es lo más rico" "Para pasárselo bien no hace falta beber" "A tu edad yo estaba comiendo pipas en el parque". Lo cierto es que no salgo del bar desde que tenía 16 y, para qué engañar, emborracharse con los amigos es uno de los mayores placeres habidos y por haber.
Con 15 años algún valiente robaba vino de su padre y lo traía escondido en la chaqueta cual tesoro. Lo tomábamos a escondidas, nerviosos, como si se estuviese cometiendo un delito. Un traguito bastaba para ponerse completamente piripi y caminar haciendo eses ¡Te entraba la risa floja! A veces te emborrachabas con olerlo y otras simplemente con leer la etiqueta ¡Qué poderosa es la imaginación! Si había chicas delante todo era poco para impresionarlas, a cual más borracho. No sé qué manía tenemos con querer impresionar a las chicas haciendo el gilipollas, pero es algo que hacemos de por vida (Y lo peor es que a ellas parece gustarles). Después comienzan los botellones en parques a pesar de que esté helando, por no hablar de cuando papá y mamá te dejan ir en autobús a las fiestas de otro pueblo. Entrar en los bares es todo un acontecimiento, sobre todo si eres menor. Ahora parece estar más controlado, pero hubo una época en la que los pubs parecían guarderías. Caminábamos sacando pecho y mandábamos a pedir al que tenía más barba. La universidad ya es el colmo de los colmos...Cada jueves hay juerga por cualquier motivo y, a altas horas, las discotecas parecen un episodio de "The walking dead" (Es una serie de zombies).
Tranquilos, que antes de marchar lo limpian todo.
Cabe mencionar que no todos los borrachos son iguales, especialmente si nos pasamos de la ralla. A cada uno le da por una locura distinta en función de su personalidad y de la cantidad ingerida. Los hay graciosos, bailarines, ligones y románticos, pero también los hay que dan verdadera pena, miedo y asco. Creo que el alcohol multiplica tanto las virtudes y como los defectos. De entre todos los tipos el que más odio es el agresivo. Esos que se creen Arnold Schwarzenegger y quieren zurrar a cualquiera que les roce, les pise o les mire. También aborrezco a los que te hablan muy de cerca y no dejan de echarte el aliento. Veamos más categorías:
- El borracho zombie: huele mal, no se mueve por sí solo y emite sonidos inteligibles. Normalmente algún buen samaritano termina llevándole a casa.
- El borracho saltarín: sus chistes sólo tienen gracia para él mismo, baila como si un alien le fuese a salir del cuerpo y espanta a todas las mujeres. Luego dice que no se acuerda.
- El borracho depresivo: recuerda hechos amargos de su pasado, como el día en que cortó con su novia o el día en que murió su perro. Trata de contárselo a todo el mundo e incluso termina llorando.
- El borracho Pavarotti: se pone a cantar cualquier cosa, ya sea sólo o con otros Pavarottis (El himno de su equipo, Nino Bravo, serenatas de despecho...)
- El borracho currante: sólo habla de estudios y trabajo.
- El borracho Yelsin: coge una botella de algo fuerte y se la bebe a palo seco.
- El borracho exhibicionista: le gusta enseñar sus partes en público.
- El borracho Travolta: baila de formas muy extrañas y cree hacerlo bien, pero todo el mundo se le ríe. Tropieza con la gente, tira copas y, si tiene suerte, encuentra a otro de su especie.
- El borracho mobiliario: está muy cansado. Se queda apoyado en la barra y termina formando parte de la decoración. No molesta.
domingo, 3 de marzo de 2013
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